La calidad del agua de riego juega un papel importante para el rendimiento agrícola. Además de hidratar, participa en la absorción de nutrientes, el transporte interno y la regulación fisiológica. Cuando el agua es adecuada, los cultivos aprovechan mejor los fertilizantes y desarrollan raíces más eficientes. También influye en el suelo: niveles altos de sales o contaminantes pueden alterar su estructura, afectar la microbiota benéfica y reducir la fertilidad.
También, impacta los sistemas de riego, donde partículas o minerales generan taponamientos y disminuyen la uniformidad. Por ello, es esencial monitorear parámetros clave y prevenir problemas en el campo.
El pH influye en la disponibilidad de nutrientes. Un pH fuera de rango puede provocar deficiencias o toxicidades, incluso cuando los fertilizantes están bien aplicados.
La salinidad elevada dificulta la absorción de agua y puede causar estrés osmótico. Evaluar la conductividad eléctrica (CE) es esencial para saber si el agua representa riesgo para los cultivos.
Los sólidos disueltos totales (TDS) incluyen sales, minerales y compuestos que afectan tanto a las plantas como a los sistemas de riego. A niveles altos, provocan acumulación y deterioro del suelo.
Bacterias, hongos y virus pueden propagarse a través del agua.
En Agrofacto, contamos con una amplia experiencia en soluciones para cultivos para ayudarte a identificar riesgos y aplicar tratamientos efectivos.
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