Eleva la seguridad de tu agua de pozo sin depender del cloro: controla microorganismos, reduce biofilm y estabiliza tu sistema con desinfección por ozono bien implementada. Obtén más información

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El agua de pozo suele percibirse como una fuente estable y segura. Sin embargo, en la práctica puede presentar riesgos que no se detectan a simple vista. Un pozo puede entregar agua clara y, aun así, contener microorganismos o compuestos biológicos que elevan el riesgo sanitario para el personal, los cultivos y cualquier uso donde el agua entra en contacto con superficies de producción.

En otros casos, el problema se manifiesta mediante: olores, sabor, presencia de biofilm en tuberías, lodos biológicos o variaciones estacionales asociadas al mantenimiento del pozo o a cambios en el nivel freático.

Cuando se confirma contaminación biológica o existen señales operativas consistentes, el objetivo no es solo mejorar la apariencia del agua, sino elevar su seguridad de manera sostenida. Muchos productores buscan alternativas al cloro por razones prácticas: manejo de insumos, corrosión, olor, compatibilidad con procesos y preocupación por subproductos de cloración. En ese contexto, el ozono se presenta como una opción de desinfección que se genera en sitio y mejora la seguridad microbiológica sin depender de cloro ni de un residuo clorado permanente.

Contaminación biológica en agua de pozo y por qué no siempre es evidente

La contaminación biológica en agua subterránea puede originarse por varias vías. La más común es la infiltración desde superficie debido a fallas en la perforación, mala construcción del pozo o cercanía a fuentes de contaminación como corrales, drenajes, fosas sépticas o escurrimientos. También puede presentarse por eventos puntuales, como lluvias intensas que alteran la infiltración o trabajos de mantenimiento que introducen carga microbiana.

Además, aunque el agua de salida del pozo tenga una carga moderada, el sistema de conducción puede amplificar el problema. Tanques, tuberías y zonas de baja circulación favorecen la formación de biofilm. Este biofilm actúa como reservorio de microorganismos y como fuente constante de recontaminación. En la operación diaria, esto se refleja en líneas con acumulación viscosa, filtros que se saturan con mayor rapidez, olores a materia orgánica y, en algunos casos, variaciones de presión por crecimiento interno.

Estos problemas rara vez se resuelven con una acción aislada. Limpiar un tanque sin controlar el agua de entrada no evita que el crecimiento reaparezca. Desinfectar de forma esporádica no impide que la biofilm se restablezca. Por ello, cuando el objetivo es elevar seguridad y estabilidad, se requiere un tratamiento que reduzca microorganismos y ayude a controlar el crecimiento biológico dentro del sistema.

Ozono para inactivar microorganismos y controlar olores sin cloro

El ozono (O₃) es un oxidante que se disuelve en agua y reacciona con componentes celulares de los microorganismos, permitiendo su inactivación. A diferencia de desinfectantes que se almacenan y dosifican como químicos, el ozono se genera en sitio a partir de oxígeno o aire y se aplica al flujo de agua mediante un sistema de inyección y mezcla.

Desde el punto de vista operativo, esto resulta atractivo cuando se busca reducir la dependencia del cloro y mantener un control más directo a través de parámetros de operación del equipo.

Además de la desinfección, el ozono ayuda a reducir olores asociados a compuestos biológicos y a disminuir la carga orgánica que alimenta la formación de biofilm. En pozos donde existen olores o sabor extraño por actividad biológica en tanques y tuberías, la oxidación puede reducir estos síntomas y limitar las condiciones que favorecen su persistencia.

Es importante entender que el ozono no actúa por acumulación de residuo. Es un oxidante reactivo que, después de actuar, se descompone y regresa a oxígeno. Esto implica que la desinfección ocurre durante el contacto y la mezcla, y que el sistema debe diseñarse para asegurar que la acción suceda donde se necesita. Al no sostener un residuo clorado, se reduce la preocupación por subproductos de cloración en presencia de materia orgánica y se evita el impacto de olor o manejo de cloro como insumo.

Para que el beneficio sea real, hay dos puntos críticos. El primero es lograr una condición de desinfección suficiente, definida por dosis efectiva y tiempo de contacto. El segundo es que el agua permita que el ozono actúe. Si existe alta carga orgánica o partículas finas, parte del ozono se consumirá oxidando esa carga antes de actuar sobre microorganismos, lo que obliga a integrar el tratamiento con filtración y control de sólidos.

Implementación práctica para un tratamiento estable

Un sistema de ozono para agua de pozo funciona mejor cuando se integra como un esquema de tratamiento simple y ordenado. El primer paso es definir el punto de aplicación. Si el objetivo es proteger todo el sistema, suele ser efectivo tratar el agua a la salida del pozo o antes del tanque principal, siempre que exista buena mezcla y un tramo de contacto. Si el problema principal es la recontaminación en tanques y líneas, tratar cerca de esos puntos críticos también aporta valor.

El segundo elemento es la mezcla y el tiempo de contacto. La desinfección no ocurre en el generador, sino cuando el ozono se transfiere al agua y se mantiene el tiempo suficiente. Por ello, el diseño debe contemplar un método de inyección eficiente, un punto de mezcla y un tramo o cámara de contacto. En sistemas con variaciones importantes de caudal, el control debe adaptarse para evitar periodos con tratamiento insuficiente.

El tercer elemento es la demanda oxidante. En pozos con agua limpia, el ozono puede ser muy eficiente. En pozos con carga orgánica, hierro, manganeso o sulfuros, el consumo será mayor. Esto no invalida el tratamiento, pero exige un diseño realista que incluya prefiltrado, manejo de sedimentos y control de condiciones que vuelven inestable la desinfección.

Un cuarto aspecto es evitar la recontaminación aguas abajo. Si el agua tratada entra a tanques con sedimento o a tuberías con biofilm acumulado, el sistema puede contaminarse nuevamente. Por ello, los mejores resultados se logran cuando el tratamiento se acompaña de una limpieza inicial del sistema, control de sedimentos y una rutina que mantenga tanques y líneas en condiciones sanitarias. El ozono ayuda a sostener ese control, pero no compensa un sistema con acumulación crónica sin corrección previa.

Finalmente, la operación debe considerar la seguridad. El ozono es un oxidante y requiere equipos, ventilación y procedimientos adecuados para proteger al personal. Un sistema bien implementado incluye contención, destrucción de gas residual cuando aplica y protocolos claros de mantenimiento.

Resultados esperables y verificación de la seguridad del agua

Cuando se aplica correctamente, el ozono suele ofrecer dos beneficios operativos visibles y uno estratégico. El primero es la reducción de la carga microbiológica del agua, reflejada en menor riesgo sanitario. El segundo es un control más estable del crecimiento biológico en tanques y líneas de riego, con reducción de olores, acumulaciones viscosas y ensuciamiento que afecta filtros y operación.

El beneficio estratégico es el cumplimiento. En operaciones con auditorías o estándares de inocuidad, resulta clave demostrar que el agua cuenta con un control preventivo y verificable. La verificación no se basa en percepción, sino en mediciones y registros. En la práctica, funciona bien combinar control operativo del proceso con un plan de muestreo microbiológico acorde al riesgo. El control operativo confirma que el sistema trabaja dentro de parámetros definidos; el muestreo valida el efecto en el agua real del sitio.

Es importante mantener límites técnicos claros. El ozono es una herramienta eficaz para desinfección biológica, pero no corrige por sí solo problemas estructurales del pozo, presencia de sólidos, ni contaminantes químicos no biológicos. Su fortaleza está en elevar la seguridad frente a microorganismos y controlar componentes biológicos sin depender de cloro y sin generar subproductos residuales típicos de la cloración en presencia de materia orgánica.

Si se tiene agua de pozo con riesgo biológico, actuar de forma temprana evita que el problema se convierta en una rutina de limpieza y corrección. La desinfección con ozono reduce microorganismos, controla olores asociados a carga biológica y contribuye a un sistema más estable, con menor dependencia de desinfectantes clorados y un manejo sanitario más consistente.

Fuentes consultadas

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